El Dr. Domingo Antonio Sánchez Martínez, representante nacional de Médicos Jóvenes y Promoción de Empleo del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM), ha asumido su cargo durante este año, en un contexto en el que “la figura del residente ha tomado una orientación mayor para evitar el desplome del sistema por la falta de profesionales existentes”. Médicos y Pacientes entrevista al representante de los MIR para conocer la impresión de este colectivo en el año marcado por la COVID19.

¿Cómo ha vivido la pandemia como ciudadano y como médico?  

Con mucha paciencia e incertidumbre. Como ciudadano esta incertidumbre venía acompañada de expectación ante la toma de decisiones que se iban tomando por parte de los líderes políticos y la evolución de los datos de contagios y fallecimientos. Pero como médico, a esta incertidumbre y expectación, se le asociaba la incredulidad y el cabreo ante la falta de rigurosidad con la que se tomaban ciertas decisiones y la inseguridad que muchas provocaban en el desarrollo de nuestra labor como personal sanitario.


¿Qué lecciones ha sacado del funcionamiento del sistema sanitario durante este año?

Es necesario mejorar la forma en la que formamos a los médicos del mañana. Dada mi especial vinculación con la representación del colectivo de médicos en formación, he podido comprobar la prueba de estrés a la que se le ha sometido al sistema, cómo tenemos un sistema de formación sanitaria especializada que debe transformarse y redireccionarse completamente. Se ha puesto en evidencia que el sistema sanitario no puede funcionar sin los residentes y que además éstos están bajo una vinculación laboral que los precariza. He visto como compañeros que han enfermado por la pandemia y han dejado de poder realizar su jornada laboral tanto ordinaria como complementaria, no han sido capaces de tener un sistema que los sustente y no los perjudique tanto a un nivel retributivo como de impacto emocional, tal y como se ha visto reflejado en varios estudios durante la pandemia.

¿Qué medidas consideran más urgentes a implementar tras este año?

Está claro que primero tenemos que sacar conclusiones de lo que hemos vivido y con esas conclusiones sacar unas reflexiones que nos ayuden a mejorar la estructura sanitaria para evitar los errores evidenciados. En relación a mi ámbito de actuación, creo que una de las prioridades es evaluar cómo está estructurada la figura del residente y actualizar los reales decretos que regulan tanto la labor formativa de los MIR como la parte laboral de los mimos. Hablamos del RD 183/2008 y el RD 1146/ 2006, respectivamente. Las principales medidas deben encaminarse a actualizar dichos reales decretos con más de 10 años de antigüedad para adaptar la realidad cambiante de la formación sanitaria especializada a los nuevos tiempos. Así como, dar soluciones a las problemáticas expuestas en las diferentes movilizaciones del colectivo MIR que se han sucedido durante la segunda mitad de este año. Hablamos de modificaciones que reflejen mejoras en relación a la jornada laboral, los aspectos retributivos, la supervisión de la formación, los ratios de residentes/adjuntos…

¿Cómo afecta la teleasistencia a la relación médico-paciente?

Creo que le da otra dimensión que debe explorarse bajo una cierta cautela. Personalmente me considero un nativo digital y fruto de ello, es la especial relación y facilidad de adaptación a las nuevas tecnologías. Si bien, creo que la relación médico-paciente se establece en base a unos pilares comunicativos que están lejos de poder aplicarse en su totalidad mediante las nuevas tecnologías. O no, todavía de forma plena. Hablamos también de que principalmente la generación que más necesita de la asistencia médica no es ni mucho menos una población que esa capacidad de adaptación a lo que el mundo digital significa. Es por ello, que ante la teleasistencia se debe tener cuidado en su aplicación para no generar una brecha que pueda poner en riesgo esa relación médico-paciente y sobre todo a clusters poblacionales que no sean capaces de adaptarse a esas nuevas herramientas y por ende, se vea afectado el principio de accesibilidad a la asistencia sanitaria.  

¿Echan de menos que los profesionales estén más presentes en la toma de decisiones?

Totalmente. Ese ha sido uno de los principales errores que se han cometido y que considero que debemos aprender de ello. El contar con la opinión, orientación y liderazgo de profesionales sanitarios que conozcan la realidad sanitaria es clave para que los mensajes que emanen de las administraciones tengan una mayor determinación y coherencia con la realidad. Vivimos una época donde abunda la mediocridad en la élite política, donde únicamente dichos políticos son profesionales en la postverdad y en la generación de discursos que generen adeptos. Pero el precio que se paga por ello, como hemos visto es grande. Sobretodo cuando los entornos de los líderes políticos eliminan de sus círculos todo elemento que se aleje de la visión que ellos proyectan; y esto es lo que un profesional por su conocimiento sobre el tema, muchas veces debe hacer.

¿Cómo ha afectado la pandemia a la formación de los residentes?

Está claro que negativamente. Así lo ha evidenciado el informe técnico llevado a cabo por la Vocalía Nacional de Médicos Jóvenes de la Organización Médica Colegial donde se han revelado ciertos datos acerca de ese impacto. Como he comentado anteriormente, ha sido una prueba de estrés muy dura para un sistema que estaba alicatado. Un sistema que en los últimos años, debido a las diferentes acciones que se han llevado a cabo en política de recursos humanos en los servicios de salud, la figura del residente ha tomado una orientación mayor hacia la de salvaguardar la situación y evitar el desplome del sistema por la falta de profesionales existentes. Esto ha provocado una clara orientación del sistema de formación hacia la vertiente únicamente laboral olvidándose de la académica y formativa (hace años que no se realizan auditorías de las unidades docentes, por ejemplo); y esto, trae consigo no solo un claro input negativo para el residente, al percibir que está trabajando en unas condiciones precarizadas, con largas jornadas laborales y con un reconocimiento muchísimo inferior al del resto de compañeros del servicio. Sino que también trae el otro problema que es aún más preocupante y cuyo resultado se verá en pocos años, y es la falta de competitividad que pueda perder ese residente que ha tenido carencias formativas. Esto es algo en lo que se debe trabajar de una forma preferente y adoptar medidas al respecto.

En este contexto, ¿es viable que los tutores ofrezcan toda la atención que demandan los residentes?

El mismo informe elaborado por la parte de los tutores también evidencia que no es posible. La falta de reconocimiento de estos tutores, con escaso tiempo a poder dedicar a la formación y con una clara vinculación a la jefatura de servicio, hace que muchas veces los parámetros sobre los que los tutores, como elementos del sistema, puedan aportar, va más vinculado a los designios de esas jefaturas de servicio que a lo estrictamente formativo. Eso es algo preocupante y que puede generar una importante lucha interna en los tutores provocando esa falta de atención y tutorización, que exigimos los residentes.

FUENTE: medicosypacientes.com