La contaminación puede provocar una reducción en la capacidad cognitiva, en las habilidades intelectuales y en la memoria y, además, podría influir al menos en parte, en la aparición de enfermedades neurológicas, según ha señalado el vocal de la Sociedad Española de Neurología (SEN), Pablo Eguia del Río, apoyándose en estudios recientes

De hecho, tal y como sugiere un reciente estudio impulsado por la Universidad de Yale (Estados Unidos) y la Universidad Normal de Pekín (China), después de tres años de alta exposición a contaminantes, las personas que participaron en la investigación "tenían un rendimiento cognitivo similar al que supone perder un año de escolaridad", detalla Eguia.

Además, también han sido "varias las investigaciones", según el vocal de la SEN, que muestran que una exposición prolongada a la contaminación atmosférica está asociada con estrés oxidativo, neuroinflamación y al envejecimiento prematuro del sistema nervioso central.


"Aunque sería preciso realizar más estudios al respecto, por lo que se ha visto hasta ahora, enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson, la esclerosis múltiple o la esclerosis lateral amiotrófica (ELA), entre otras enfermedades neurodegenerativas, podrían verse agravadas por procesos de neuroinflamación producidos por la contaminación", afirma Eguia.

En este sentido, abunda que un estudio realizado en Canadá concluyó que las personas que vivían a menos de 50 metros de una carretera "tenían más riesgo de desarrollar demencia. No obstante, otros estudios "han ido incluso más allá", apuntando que la exposición a la contaminación atmosférica, principalmente a metales como el mercurio y el plomo, son un "factor de riesgo para el desarrollo de este tipo de enfermedades neurodegenerativas, y también para otras como la epilepsia".

El 30% de los ictus pueden atribuirse a la contaminación

Así, la contaminación atmosférica también se ha relacionado con un mayor riesgo de sufrir un ictus. El 'Global Burden of Disease', tal y como ha explicado, señala que "hasta el 30 por ciento de los ictus que se producen cada año en todo el mundo podrían ser atribuibles a los contaminantes del aire". Esto se debe a que la contaminación atmosférica se ha relacionado con estados pro-trombóticos.

Por tanto, la contaminación podría influir tanto en el incremento de casos de ictus isquémicos, ya que supone aproximadamente el 80 por ciento de los casos de ictus que se producen cada año, causados por trombos que interfieren en la circulación de la sangre al cerebro o, tal y como apuntaba una investigación presentada recientemente en la última Reunión Anual de la SEN, en la gravedad inicial del ictus y en el pronóstico a corto plazo.

"Cuando hablamos de contaminación, inmediatamente pensamos en daños respiratorios, pero lo cierto es que un número creciente de estudios epidemiológicos realizados en todo el mundo, nuevos hallazgos en modelos animales y estudios de neuroimagen han hecho saltar la alarma", expresa Eguia.

También en la 71ª Reunión Anual de la SEN, otra investigación señalaba que las concentraciones de diferentes contaminantes ambientales podrían actuar como un desencadenante de migraña, incrementando la necesidad de atención a los pacientes en los servicios de urgencias.

"Reducir la polución ambiental no solo ayudaría a evitar muchas de las muertes que se producen cada año, sino que también podría frenar el aumento de casos de enfermedades cerebrovasculares y neurodegenerativas", concluye Eguia.

FUENTE: medicosypacientes.com